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Posts Tagged ‘aeropuerto’

La última vez que vi a Francisco fue en el aeropuerto, estaba esperando en un café cerca a la sala de embarque veintiséis, el vuelo estaba en hora y él con mucho tiempo libre, súper puntual, bueno siempre fue así, desde que lo conozco se podría decir que es un tipo que prefiere la hora inglesa, vale decir, estar quince minutos antes de la hora indicada, y en los aeropuertos no era la excepción, por el contrario, de hecho siempre se burlaba de alguien que perdía un avión por falta de previsión de tiempo, aunque una vez me dijo: “Sólo vale perder un avión por amor.” Recuerdo cuando me contaba la historia de aquella vez que viajó con su novia, relajados ambos, conversando lo suficiente y mirándose mucho más, y eso justamente les pasó, se quedaron sentados tomando un café mientras se miraban platónicamente a los ojos, era como llegar a meterse en un abismo de insólitos pensamientos y explorando el alma de la otra persona sin descripción razonable, y, por qué no también, de explorar el alma de uno mismo… (Hizo una pausa como saboreando el recuerdo) bueno, eso fue lo que sucedió, así perdí un avión porque me perdí en la mirada que me suele hacer perder la noción del tiempo.

 

El era así, un tipo serio, algo arrogante cuando se le ve por la calle, solo o acompañado, pero basta con que te deje pasar esa coraza que le ha creado su timidez para que encuentres a una persona divertida, siempre dispuesta a jugarte una broma, comentando a cada momento alguna obviedad de manera lógica, sarcástica, atrevida, y hasta a veces inoportuna.

 

Hoy lo vi un poco distante, se sorprendió al verme y esperé (como siempre) que hiciera alusión a mi corta estatura, pero no, no lo hizo, me miró y se paró mientras me regalaba una sonrisa disforzada, me comentó que estaba cansado y me invitó a sentarme junto a él.

 

Después de las preguntas protocolares, de enterarme las últimas novedades y acontecimientos más relevantes de su familia y los amigos comunes de ambos, su semblante cambió, y ya de mejor genio nos reímos recordando lo seguido que solíamos encontrarnos en los aeropuertos, fue muy discreto al preguntarme de mi divorcio, y yo procure serlo con respecto a su familia, pero cuando estaba por preguntarle de la muchacha aquella que le hacía perder los aviones, hizo un gesto mientras pasaba un sorbo de café como quien acaba de acordarse de algo muy importante, urgente, abría los ojos y movía una mano mientras con la otra dejaba la tasa de café, pasó toscamente el sorbo de café, yo, le abrí los brazos y lo miré como diciendo “¡¡¿qué paso?!!”.

Tras limpiarse la boca con la servilleta me dijo:

– Tengo una pregunta importante que hacerte.

Tomó su equipaje de mano y sacó de él una agenda, buscó una página en particular, destapó el lapicero que tenia sobre la mesa y se puso en posición de escribir mientras con voz seria dijo:

– Pregunta, ¿si tuvieras un accidente en avión qué harías?

Como entenderán la pregunta me dejó con los ojos abiertos y sin nada que responder, y ante esta reacción añadió

– ¡Jejeje! me explico: Si el avión en el que viajas, inevitablemente anuncia una falla en el motor o algo y esté cae en picada, ¿qué es lo que harías?

– Bueno – le dije despacio – no sé la verdad, supongo que intentaría recordar las instrucciones de seguridad y empezaría a rezar… no sé Francisco, nunca me había puesto en esa situación.

Él, seguía escribiendo en su agenda interesado al parecer de mi respuesta, de pronto cerró la agenda y tapó el lapicero, supongo yo que tomó nota de lo que dije, se quedó mudo, cruzó ambas manos en la agenda y le pregunte:

– ¿Y tú? ¿Qué harías?

– Mira, como sabes yo he trabajado varios años en el aeropuerto y en estos últimos años he tenido la suerte de tomar muchos vuelos, pero siempre tengo esa extraña sensación antes de abordar de que algo pueda suceder, y sí, esta dentro de las posibilidades que algo suceda, mínimas pero existen, por eso procuro siempre dejar una nota, escribir un correo o algo dejando mis mejores deseos, mi sentir e intenciones, pero allí arriba, en pleno vuelo, cuando ya lo acontecido es inevitable, siempre pensé en hacer algo estúpido, irreverente, algo que no haría en una situación normal.

Yo, claro está, puse un gesto confuso y le pregunte:

– ¿Cómo qué?
Y él riendo me dijo:

– Ahí voy, mira, cuando me chekeo procuro sentarme junto a alguna mujer, cosa que si en pleno vuelo nos anuncian la lamentable caída, pues no tendría reparo en voltear y cogerle un seno, o por qué no, los dos, y apretarlo hasta que me salga entre los dedos, de la forma más vulgar y atrevida…

La carcajada que lance, fue histriónica.

– ¡Es que es verdad! – me decía entre mis risas – piénsalo bien, en esa situación ¿qué es lo peor que puede pasar? ¡nada!, porque ya estas jodido y si por un milagro el avión se salvara, tendría la escusa de decirle que fui presa de shock y lamentablemente reaccione así y pongo cara de víctima y ¡ya! ¿Acaso me vas a decir que tú nunca has visto una mujer en algún lugar, y con un deseo libidinoso, animal, impersonal te hubiera gustado acercarte y hacer algo así? ¿No es mejor opción hacerlo en esta situación…?

 

Nos reímos un rato del tema, celebré como siempre sus ocurrencias y lo llamé loco cuando sonó el alto parlante anunciando el abordaje en la puerta veintiséis.

– Es mi llamado – me dijo.

Nos levantamos a la vez, nos dimos un fuerte abrazo por el gusto de vernos y le deseé que le tocara una chica con mucha “pechonalidad” en caso, Dios no quiera, alguna desgracia sucediera. Celebró mi gesto y me tomó del brazo y me preguntó con una voz más seria y calmada:

– ¿Por qué no preguntaste nada de la chica que me hace perder los vuelos?

La verdad no le dije nada, tan solo levanté los hombros e hice un gesto de esos que dicen mucho, levantas un poco las cejas y comprimes lo labios, y él me dio una palmada en el hombro.

– ¡Gracias hombre! Eres un buen amigo, pero te tengo que pedir un favor, entre broma y serio, si algo pasara a ese avión y se da una lamentable partida mía a otro mundo, dile que antes de subir estaba pensando en ella, que aun la seguía esperando, y que hubiera dado lo que sea porque ella estuviera en este y todos mis vuelos, para tomarlos juntos, o perderlos juntos…

– Claro que sí mi hermano – le dije abrazándolo.

– Y no te olvides por favor de decirle – continuó – que si cae el avión, igualito le aplastaré una teta a alguien, pero pensando en ella.

 

 

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Voy volando

No es la primera vez que escribo desde el avión, la primera si para este espacio, es reconfortante sentirse a quien sabe cuantos pies de altura volando, haber cruzado las primera capa de nubes y estar sobre esas formas indescifrables que hacen las nubes, que (ya lo he dicho más de una vez) dan ganas de saltar del avión y corretear encima de las nubes, como si fuera un manto de un algodón gigante con un fondo azul en degrade, maravilloso.

mirenlo

Aun sigo viendo a los pilotos de avión y los envidio silenciosamente, desde pequeño deseaba dedicar mi vida a volar, me imaginaba sentado en la cabina de avión escuchando a todo volumen las canciones que me encantan (ahora se que un avión no tiene el equipo de música que me imagino, salvo que sea mi propio avión) lejos de todo, encima de todos, disfrutando (como lo hago ahora) del paisaje, del maravilloso planeta que tenemos visto desde otra perspectiva.

Aun antes de viajar siento esos nervios como si fuera la primera vez, y espero nunca perder esa sensación, pues creo que todo viaje trae escondido un sentimiento, de los que regresan a un lugar o los que van a otro… luego de trabajar durante 7 años en un aeropuerto pude observar a todo tipo de gente (para mi observar gente es un deporte, y el aeropuerto es un lugar exquisito), la que llega angustiada, feliz, triste, ebria, discreta, apurada, despistada, cómplice, entre otros! Es una mezcla de energías alucinantes, puedes estar parado junto a algún familiar que se va y la familia feliz de despedirlo hacia una nueva vida, puedes estar junto a la novia que ve partir a su novio envuelta en un llanto inconsolable, una persona indiferente seguramente viajando por trabajo, gente que estará regresando a ver a su familia, gente que esta huyendo de su familia,  amigos riendo porque se van de vacaciones, artistas conocidos y los no tan conocidos, extranjeros de todo tipo, incluso rara vez alguno de esos que van ocultando algo, pero los más graciosos son los primerizos, los que creen que en la maleta se puede llevar el Perú entero, pues meten en ella sus 2 buenas botellas de 3 litros de Inka Kola, bolsas de lentejas, pallares, ajis secos, latas de tacu tacu, y todas aquellas cosas que un familiar te comenta que extraña de su tierra cuando te llama.

Si, Cada viaje lleva un sentimiento, a veces he querido que el vuelo dure horas de horas y nunca bajar, a veces he querido que el vuelo sean lo mas corto posible, a veces estas viajando pensando en regresar, otras veces queriendo nunca regresar. Yo he identificado casi todos los sentimientos en mis viajes, he viajado ansioso, feliz, triste, nostálgico, pesantivo, con amigos, con amores, con dolores, a trabajar, a divertirme, huyendo, regresando y aun creo que faltan muchos más… hoy he querido escribir un cuento volando, y en vez de eso me he enredado leyendo conversaciones de hace años, quizá de ahí salga una historia con alguno de los sentimientos que traigo o quizás no… total, si un derecho, facultad o gran cualidad del hombre es que se puede contradecir, y eso hacemos, contradecirse de un día a otro.

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