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Posts Tagged ‘claudio’

Queridos amigos, seguidores, lectores ocasionales, curiosos, despistados, cibernautas todos, es para mi un placer invitarlos al nuevo ciber espacio para este blog, desde la semana pasada puedes visitar directamente www.claudiologia.com donde encontraras todo lo que aquí esta publicado y donde se publicarán nuevos post de aquí en adelante

Agradecer su apoyo, comentarios, lectura y sugerencias, pues son ese conjunto de acciones los que me motivaron a seguir creciendo en este espacio!!

No tengo más que darte que mi gratitud, nos leemos pronto!

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Ella está apoyada en la ventanilla 7A del avión que la llevará a miles de kilómetros de su país, el piloto avisó oportunamente el tiempo de vuelo, la altitud y velocidad entre otros datos, pero ella sólo mira de cuando en cuando su reloj, deseando que esos minutos pasen rápido para llegar pronto a su destino. Vuelve y mira las agujas del reloj pulsera swatch que compró dos años atrás por su cumpleaños y siente que el segundero anda con una inusual lentitud, siente que todo pasa en calma, menos los latidos de su corazón.

Reclina el asiento, lo inclina, se apoya en la ventanilla, luego en el espaldar, abre un libro, finge que lee, lo deja, busca en su cartera su ipod, intenta prenderlo, lo deja, ve el reloj de nuevo, mira el techo, transpira, ve la película, busca los audífonos para escuchar, lo deja, se reclina, respira profundo, vuelve a ver el reloj y piensa en que ya debería llegar.

Lo conoció hacían pocas semanas, el tipo llegó a su país para una charla y ella por encargo de su jefe “tenía” que asistirlo, y léase “tenía” con desgano pues las circunstancias que rodeaban ese evento en particular no eran las más gratas para ella. Y así fue, protocolar encuentro, charla enmarcada dentro de lo normal, cena moderada y acabó el día. El siguiente día de trabajo fue mucho más suelto, intercambiaron miradas, sonrisas, coquetearon y ahí pudo terminar todo pero ella le ofreció llevarlo al aeropuerto, de camino las risas no faltaron, los comentarios como “qué pena que me quedé dos días y no conocí nada” o “motivo para que regrese” eran de los que adornaban el corto trayecto al terminal.

Antes de despedirse en el aeropuerto, él le tomó la mano, y ella casi perdiendo la voz, en vez de decir un protocolar “gracias por su visita, vuelva pronto” le dijo sonrojándose “me hubiera gustado que se quedara un par de días más.”

Ahora nuevamente su cabeza apoyada en la ventanilla 7A del avión, se empaña por la respiración fuerte que le dejó su sonrisa al recordar su picardía, al atreverse a decirle semejante cosa, y peor aún, que él cancelara su vuelo y se quedara efectivamente dos días con ella. Comieron, rieron, pasearon, se conocieron, intimidaron y se amaron.

Y ahora ahí va ella, semanas después camino a verlo, su país quedaba muy lejos, así que decidieron encontrarse en un punto medio, un lugar donde le fuera fácil llegar a ella, y fácil llegar a él. Lo acordaron en sus interminables conversaciones noche tras noche desde aquel encuentro.

Estaba nerviosa, quería saber si todo lo que había estado pasando estas semanas era real, la duda la asaltaba de cuando en cuando pensando en que quizá él no era la persona que estaba idealizando, la asaltaba con mayor intensidad la fantasía de ver en él el hombre de sus sueños, de romper paradigmas y creer en el amor como nunca antes lo había hecho. Apoyada en su asiento jugaba con su reloj mientras lo veía.

Lo imagina sentado en un avión camino a verla, a la misma velocidad, hacia el mismo destino, en ese mismo momento, pero viniendo de un lado totalmente opuesto. No podía dejar de reírse, de soltar la risa nerviosa de quien se pilla haciendo una travesura, miraba nuevamente su aletargado reloj.

Él se tomó la delicadeza de escribirle una carta dos semanas después de conocerla, allí le había confesado el amor inexplicable que sentía hacia ella, el miedo que le provocaba no poder imaginar un futuro, la ilusión que le daba conocer a alguien con sus cualidades, y párrafos y párrafos hablando de su belleza. Ella no se había terminado de dar cuenta que estaba terriblemente enamorada, pese a que creía que estaba yendo “a ver qué pasaba.”

Su concentración se cortó de improvisto pues el capitán anunciaba el aterrizaje en breves minutos, ella guardó todo en su cartera y sacó su maquillaje, necesitaba pintarse, pues si sus cálculos eran exactos al salir del avión él ya habría aterrizado media hora antes, fue al baño, se lavó la cara, se cambió de blusa, regresó a su asiento se maquilló, acomodó el cabello, y de un diminuto gotero echó por su cuello la fragancia que lo volvió loco en su primer encuentro.

Caminado por la manga del avión, ya de bajada, repasó las mil y una escenas que tendría para cuando lo viera, no sabría si quedarse inmóvil, o quizá correr, gritar era una opción, llorar una más probable, pero sudar era la inevitable, no dejaba de caminar rápido y sentir un ligero temblor en su ser, ¡Qué emoción! Pensaba.

Al salir de la sala de embarque catorce buscó entre los curiosos y no lo vio, fue al monitor y verificó que efectivamente su vuelo había llegado hacia treinta minutos, fue corriendo hasta la sala veintisiete donde probablemente se quedó esperando y vio mucha gente embarcando ya para otra ciudad, no estaba allí; se confundió, regreso a su sala, la catorce, podía ser que entraba al baño, lo espero cinco minutos, diez, quince, entró en pánico. Cambió unos billetes de dólar y llamó a su celular, apagado. Se le ocurrió que perdió el vuelo, vio en el monitor y el siguiente llegaba en una hora, otro con escalas llegaba en tres, fue a la sala veintisiete, pidió saber si se embarcó y le respondieron que esa información era confidencial.

No tenía más remedio que esperar una hora si llegaba en el siguiente vuelo, fue a la sala dieciocho a esperarle, se sentó, puso la cara entre las palmas de sus manos y empezó a llorar, simplemente no quería pensar, se limpiaba el maquillaje arruinado por las lágrimas mientras miraba el reloj, desesperada de verlo pasar tan y tan lento.

En el siguiente avión no llegó, y en el otro tampoco, perifoneó su nombre y nadie acudió, entro a internet y no había rastro de él, llamó al hotel y nadie se había registrado aún, después de pensarlo mucho, cerca de seis horas después, llamo a su casa y le dijeron que “ha salido, ni idea si regresa”. Sintió morir.

Se sentó en el medio de una sala de espera vacía cerca ya de la media noche, sobre su pequeña maleta cargada de ropa para cuatro días, tres recuerdos de su país, y su cargamento de amores e ilusiones entreverados con su set de maquillaje y sus perfumes y soltó un llanto interminable, desconsolado, de aquellos llantos que casi no se escuchan pero que se sienten como a uno se le va el alma lágrima a lágrima y sollozo a sollozo

Así la conocí hace nueve años, yo llegaba de un vuelo largo desde Londres pasadas las tres de la mañana y me tope con esa conmovedora imagen, con esa increíble historia, y esa carita manchada por el maquillaje y la valentía de una mujer que no podía disimular un corazón roto, y hasta el día de hoy cuando pasamos (llegando, saliendo o en tránsito) por un aeropuerto guarda un silencio fúnebre y muestra una mirada incomoda.

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Se sentó lentamente en el borde de su cama, se quedo con la mirada perdida en la pared, como si en ella estuviera la respuesta a alguna de sus preguntas, de pronto, llevo las manos a los bolsillos y busco un papel, el cual desplegó parsimoniosamente sobre sus rodillas, y volvió a leer:

“Hoy he soñado contigo. Hoy he soñado que ya no te quería. Que te veía a lo lejos y no quería verte más cerca. Pero te acercabas… me regalabas una de tus sonrisas tristes y resbalabas sobre mi brazo una de tus caricias lentas. Pero yo no sentía nada. Me mirabas, con esa dulzura melancólica que tienen tus ojos, pero ya no encontraba los míos reflejados en los tuyos. Ya no eras espejo. Ni abismo. Ni peligro. Ni conciencia. Ni deseo. Ni refugio…

Tu voz sonaba igual que el eco del olvido. Intermitente, disonante, lejana, como el rumor falso del mar en el fondo de una caracola, irreal y áspera. Me susurrabas al oído las mismas mentiras de siempre, las que siempre quise creer, pensando que de tanto repetirlas se convertirían en verdades. Pero ahora me sonaban a verdaderas mentiras y sabían como auténticas verdades.

Yo te hablaba siempre de mis sueños ¿Lo recuerdas? Tú decías que casi no soñabas. Le quitabas importancia a los míos. “Sólo son sueños… No hay que hacerles mucho caso” decías; y yo insistía. Te contaba lo reales que eran, te hablaba de los colores, de los lugares, de las palabras, de las sensaciones que soñaba. Y tú te reías diciendo: “cada vez son mas raros tus sueños…”

Hoy he soñado contigo. He soñado que te alejabas llorando cuando te decía que ya no te quería. Que no quería más tus caricias, ni tus sonrisas, ni tus miradas, ni tus abrazos. Que ya no te echaba de menos, ni quería estar a tu lado. Que en tu mundo de miedos te aferrabas a la soledad aunque el corazón te estuviera pidiendo a gritos salir de su oscuridad. Y yo te decía que ya no tengo miedos. Que ya no quiero soledades. Que ya no quiero, sencillamente… ”

Sentía la tibieza de una lagrima recorrer lentamente su mejilla, casi como queriendo acariciarla, y de pronto desprenderse para aterrizar en aquella hoja de papel, dejando una mancha de la fusión propia de una lagrima y tinta, mientras piensa que quizás esto sea lo ultimo él le escriba, lo ultimo que sepa de él…

De pronto, violentamente arruga el papel mientras se para, respira profundo, destruye uno a uno sus intenciones de remediar algo, y piensa que raro él, las cosas que sueña (bah!) … mientras se alejaba llorando.

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Cuando un ser humano pasa por algún acontecimiento nuevo es de esperarse que pase por un proceso, indistintamente si es bueno o malo el mencionado acontecimiento. Este proceso esta estudiado y explicado en libros, y explotado por los psicólogos sobre todo para gente que ha sufrido un acontecimiento extremo, como la perdida de algún ser querido (duelo).

 

Esta semana me ha tocado hablar mucho sobre estos pasos que conforman el proceso, como saben, uno de mis pasatiempos es observar gente, y he logrado identificar que este proceso no necesariamente aplica para un evento extremo, si no para cualquier evento en nuestro día a día, el conocer este proceso, analizarlo, e identificarlo sobre todo en uno mismo es de mucho beneficio y aporta al crecimiento personal y como una interactuar en la sociedad.

 

Este proceso consiste de 6 pasos:

1) Sorpresa 2) Negación 3) Enojo 4) Negociación 5) Depresión 6) Aceptación

 

Les pongo un ejemplo para dejar entender el proceso, y luego les explico la teoría: Supongamos que un día cualquiera en un trabajo cualquiera tu jefe te llama a su oficina, tu vas como acostumbras, y de pronto te dice que estas despedido, y tu dices: ¿Cómo?! (Estas en la etapa de sorpresa) y tu jefe te explicara alguna razón como recorte de personal, o algo así y luego dirás: Tiene que ser una broma, esto no puede ser…. (Ya estas en la etapa de negación) tu jefe continuara explicándote que lamenta mucho, que su amistad, y que no puede hacer nada, etc. etc., y seguramente tu ya sales para tu oficina y dices: carajo, que se ha creído este cretino, como me van a hacer esto, a mi, justo ahora… (Estas molesto, muy molesto) Ya cuando se te pasa la molestia, en casa o luego de hablar con alguien empiezas una conversación (interna o con alguien) más o menos así: bueno, por algo pasan las cosas, ahora podré tener más tiempo para ordenarme, o aplicar en algún trabajo mejor… (Ya estas negociando tu situación). Claro que al día siguiente o a los dos días te vas a encontrar en tu cama tirado, sin ganas de nada diciendo: porque me pasa esto a mi, yo no hice nada malo, ahora quien me va a contratar, que haré… (Deprimido total!) hasta que después de un tiempo terminas en otro trabajo o recuperando tu equilibrio emocional donde ya has aceptado la situación y como se diría popularmente “sigues pa´lante”

 

Ahora, ponte a pensar en la cantidad de veces que este proceso es parte de tus reacciones por ejemplo, cuando tienes una diferencia con alguien, algún problema, recibes una noticia o acto inesperado, desde que te dicen para ser tu novio, pasando por cuando te terminan, entre enterarte que ya tus ex se casa, o que vas a tener un hijo, etc. etc. etc.

 

El problema, para mi, radica en la capacidad de las personas de pasar entre punto y punto. Conozco gente que pasa en instantes de la sorpresa, a la negación, y se estanca mucho tiempo en el enojo, incluso me queda la duda si algún día salieron de ahí con respecto a ese tema. Conozco a otras personas que se quedan mucho tiempo en la etapa de depresión (que considero es la más critica) sin llegar a aceptar nunca lo que le ha acontecido.

 

El solo hecho de estar conciente ya de estos puntos le puede permitir a uno darse cuenta, ante alguna eventualidad que le esta pasando, e intentar, por ejemplo, controlarse cuando esta en la etapa de enojo.

 

El segundo problema esta que en determinados conflictos donde una noticia afecta a las dos partes que la comprenden, al momento de intentar arregla la situación se encuentran en etapas distintas del proceso, uno puede estar negándose aun no que ha pasado, mientras el otro esta enojado, o alguno esta deprimido por lo que paso mientras el otro anda enojado, o mas extremo, alguno ya lo acepto y supero y el otro anda en cualquier etapa anterior.

 

Porque comparto esto, o he hablado con varias personas de esto esta semana, pues para que estén concientes de que todos tenemos un proceso y un tiempo distinto para las cosas, y el entenderlo puede ayudar a uno (desde fuera) a ser parte de la solución o del problema, o quizá también ayudar a darse cuenta uno mismo de lo que acontece, o que ya existió una evolución para determinados casos donde uno ya no puede hacer mucho, por no decir nada.

 

Cualquier fuera el motivo que te trajo aquí, y llegaras hasta esta línea, espero que te sirviera y sea útil esta información.

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Solía ir a leer a un café en un pequeño centro comercial frente al mar. Me gustaba escaparme a media tarde, porque por lo general no hay gente a esa hora y así uno puede concentrarse en la lectura.

Pero esa tarde en particular, me distrajo una conversación, poco a poco deje de entender lo que leía. Decidí recostarme, cerrar lo ojos y escuchar:

–        Es extraño y tan gracioso…

–        Dibujas en tu cara una sonrisa como si la vivieras

–        Y quien dice que no… hay cosas que pasan y otras que no

–        Pero no dices que al fin de cuentas deben pasar, en tu realidad o en tu imaginación, siempre están ahí y suceden. Ese es tu problema

–        El problema es mi falta de imaginación…

–        No! Viejo, aterriza, pisa tierra, si algo no te falta es imaginación, más bien vive por ti

–        Yo vivo, si! Yo vivo…

–        Pues Claro! Claro que vives, pero vives en tu mundo…

–        Si pues! Un mundo que me hace feliz, un mundo que me hace vivir

–        Si te hace vivir no estarías sentado aquí, con tu taza de café, tu cigarro y repitiendo tu desdicha

–        Es que no lo tengo todo

–        Seria mejor si dijeras “al menos tengo algo”

–        ¿En verdad tengo algo? (risas irónicas)

–        Tienes vida, tiene familia, tiene alegría, talento…

–        Y de que sirve todo eso, si me falta algo…algo más grande…algo…

–        Tonterías! te aferras a la nada, pisa tierra y comprenderás. Tienes una meta, un camino

–        Un camino si, pero no quiero recorrerlo solo, le temo a la soledad.

–        Siempre crees estar solo y no ves más allá, crees que la vida solo sabe quitar cosas, pero la vida sabe dar y dar…

–        Dar tristeza, eso lo puedo esperar… Tengo una rabia y una felicidad, tengo tantas cosas en que pensar.

–        Siempre pensando en ella ¿verdad?

–        Si… así es, si no estuviera pensando en ella no estaría aquí. Escucho ruidos y me atormento, y pensando en ella reconozco una paz, un silencio, guardo fuerzas para volverla a ver

–        Pero no esta…

–        Aun no, pero sé que pronto llamara, por la otra línea me dirá…

–        Te dirá que!, ¿que le prestes algo o que le ayudes en algo?… o qué pasa si está de la otra línea callada?

–        El silencio es compañero en el tiempo, es mi costumbre escucharla en mi mente, solo necesito saber que esta ahí para poder hablar con ella, ella sabe que la escucho…

–        ¿Y ella te escucha a ti? … supongamos que si, que más quieres

–        yo nuca pido nada, solo deseo tener algo, una vida, una pequeña casita, un paseo por la plaza y otro por el jardín. Quien sabe uno a orillas del océano u otro en la orilla de la vida

–        epa!! ¡Eso es solo poesía! …No lo digo yo, lo dice ella

–        pues no, no es poesía es realidad, en realidad con palabras diría yo, …y si simplemente fuera poesía, que de malo tendría

–        la poesía no te da de vivir, no puedes comer las hojas en donde escribes, no puedes vestir de versos tu cuerpo, no puedes vivir en la casa que pintas en tus hojas, no podrás tenerla con tan solo soñarlo

–        (silencio)

–        ¿cabe en tu nostalgia una pausa?, sabes que lo que digo es verdad, ya deja de exprimirte el alma y ponte en marcha, hay tanto por luchar, tantas guerras que ganar, guerras de vida!!, guerras que con manos no podrás amasar, ni mucho menos pintar, ni mucho menos escribir, porque así es la vida, eres un mortal, y en tu caso…no tienes esas manos

–        No tendré manos pero aprenderé a pintar con los pies…

–        Buscas excusas a la vida, dejas pasar oportunidades, quieres llegar rápido a la salida de un mundo al que no has entrado

–        no tengo la visa para vivir, siento estar condenado a mirar y mirar, sin voz ni voto, volverme el mediocre en una sociedad…

–        Perdón, ¿no fue ella quien te dijo que tienes todas las de ganar? no me dijiste tu que sus palabras son ordenes, o mentiste también cuando dijiste que serias el mejor por ella

–        Y lo seré, seré el mejor para ella…

–        ¿te quiere?

–        Mucho, tanto como yo a ella

–        Si eso es verdad, porque no contesta tus llamadas, porque no acude en tu soledad, porque sientes que te menosprecia si en verdad te quiere

–        Tiene cosas en que pensar

–        Mas importantes que el amor supongo, parece una chica centrada y quiere una carrera, quiere una vida planificada, quiere seguramente alcanzar sus sueños

–        Y yo también

–        Entonces estudia, trabaja y sé el mejor…

–        No es tan sencillo, no tengo nada claro, soy miope en mi camino, torpe en mi andar, brusco con las manos y de cara algo abatido

–        Tienes un trabajo, un trabajo envidiado

–        Si, y estoy muy orgulloso de ello

–        ¿Hasta cuando te durará? Es un privilegio para tu edad, pero el tiempo pasa y se refleja en tu cara, mírate tienes una barba, y esas marcas? Arrugas ya? 2 o 3 canas? Todo eso indica tu edad

–        Se pasa el tiempo, si! Lo sé! nunca me dejo de lamentar….

–        Pues sí, se pasa, te refugias en una nube y no dejas que nadie la pueda alcanzar

–        Tengo miedo, necesito ayuda

–        Y la buscas en ella, ¿es justo eso? lo pregunto por ella. Crees que ella puede darte la ayuda que necesitas ¿por qué tendría que hacerlo? ¿nunca te pusiste a pensar que también ella tiene su nube?

–        Me tomo la cabeza y quiero dejar de pensar, no se que hago aquí y porque trato de manipular a la gente, tal vez mi error fue pensar que me amaría

–        Siempre apagas la luz, como de costumbre, y pones música, intentas cerrar los ojos para dormir y no puedes

–        Si pudiera dormir tal vez en un sueño profundo me quedaría, tal vez nunca más despierte

–        Apareció la victima! Mira, algún día encontraras una razón de vida, esa razón que te hará levantarte, cada mañana, con el sol

–        Algún MALDITO DIA!!! … siempre digo eso, siempre lo que no pude hacer hoy lo haré mañana y mañana será pasado y pasado será traspasado y así lo único que conseguí hasta hoy es levantarme cada mañana y ver en el espejo el reflejo de una, luego dos, y ahora tres y así pasaran las décadas, y yo aun seguiré levantando de esperanzas la vida

–        Que optimista eres (burla)

–        No hay tiempo

–        Tu eres el tiempo…tu haces y rehaces lo que quieres, y puedes moldear la vida

–        ¿No que no?

–        Nunca digas nunca

–        Pero que puedo hacer

–        Mátate, tal vez así seas feliz (ironía)

–        Pero así no podría tener a mi amada (sonríe)

–        Anda y díselo, dile que la amas

–        Lo sabe

–        ¿Pero lo entiende?

–        Pero al menos lo sabe

–        ¿Sabe que te esta perdiendo?

–        No es cierto…

–        Si lo es… el amor a veces es como una flor: cada día cae un pétalo, cada día pasan los  minutos y terminas ahogándote en todos los “te quiero” y te amo que llevan su nombre, cada día inconscientemente te convences que nunca podrás tenerla…

–        Prometí esperarla

–        Y ella te pidió que no prometieras

–        …ahora siento morir (suspira)

–        Si mueres tu, muero yo

–        Eres mi corazón, eres mi conciencia

–        Pues si, y sin ti no vivo, pero si yo muero tu también te vas conmigo ¿no lo sabias?

–        No

–        Pues sin saberlo me matas, me matas tu y tu mar de lagrimas que me ahogan, me asfixia tu corazón comprimiéndose, me ponen contra la pared tus palabras que no quieres decir, tus angustias son las mías…

–        Sufro…

–        Lo sé

–        Solo dile que la amo…

–        ¿Otra vez? Si lo sabe, no dices?

–        Me tengo que ir

–        Ve, eso es lo que mejor sabes hacer… toma tus cosas y ve, yo me quedare a dar respuesta a todos los que pregunten por ti

–        Miénteles, diles que estoy bien, que fui tras una ilusión

–        Pero vas en busca de una realidad?

–        Deséame suerte, tal vez nadie me podrá liberar o regresar… ojalá

–        ¿y si ella quiere saber donde estas?

–        Mi amor ira dejando huellas, no aquí, sino en mi mundo, en las nubes, detrás de aquella pared que nunca se termino de construir

–        ¿Volverás? ¿volverás por mi?

–        No…Esta vez no

–        Siempre jugaste de visitante y perdiste por goleada

–        Me gustaría jugar de local, y perder por goleada, pero al caer al suelo saber que es mío, que puedo quedarme ahí sin ser sacado y en mi lugar dejar una flor abonada con mi muerte

–        Jajaja, que – tra – gi – co… mira, quizá tal vez por eso el destino nunca te dejo jugar de local

–        Puede ser… entrenaré entonces (sonríe mientras se va)

–        Suerte

–        La suerte es para los tontos

–        Por eso:  suerte!!

Abrí los ojos, cerré el libro y me paré, son pocas veces las que puedo escuchar las conversaciones entre mi nostalgia y mi conciencia.

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El último día que conversamos, no fue diferente a los demás, mejor dicho, fue extraordinariamente normal, el lugar siempre es indefinido, o como a veces dices; en donde menos lo crees, a la hora que no esperas, y con las respuestas exactas a tus preguntas incorrectas… ¡que genial es hablar contigo!

Aquel día, una duda rondaba por mi cabeza, pero antes de preguntar, quería disfrutar ese paseo por un soleado parque junto a ti. Aprecio tanto tu tiempo, que el simple hecho que te juntes conmigo a caminar y a compartir, es todo un honor. Unos árboles de eucalipto, que separaban la cancha de futbol del parque, impregnaban de ese olor fresco el ambiente y los olores activaron todos mis recuerdos de infancia. La gente que caminaba, jugaba, o simplemente conversaba sentada en el pasto me era familiar,  todos parecían reconocernos, pero nadie nos hablaba, simplemente nos sonreían como saludándonos.

Ese clima me encanta, quizás eran las 2 o 3 de la tarde. El sol calentaba, pero el viento frío refrescaba lo suficiente para hacer de esa caminata placentera. Cruzamos todo el campo a paso lento. Nos sentamos bajo un árbol junto a una acequia seca para seguir conversando. De pronto un silencio nos atrapó unos segundos y me dijiste: “¿Qué es aquello que me querías preguntar?”. No pude contener una sonrisa amigable ante tu pregunta, eres tan cortés como para preguntar, pese a que ya sabías exactamente mis preguntas. Asentí con la cabeza agradeciendo el gesto y nos reímos de nuestros pensamientos. De pronto, sin terminar de ordenar mis palabras, te dije: el tiempo… ¿cómo puedo controlar el tiempo? Y tu me devolviste enseguida una risa amigable, sonó un poco más gruesa, pero a su vez más amigable; tanto que me contagió al momento.


Yo sabía que mi pregunta no tenía sentido, ni razón; así que decidí explicar el por qué de mi interrogante. “Lo que sucede, te dije, es que últimamente me es muy curioso cómo pasa el tiempo, cómo se puede ir tan lento en un mal momento y cómo pasa tan rápido en otros. Cómo se pierde la noción del tiempo, por ejemplo junto a ella. Es como si todo sucediera a la misma vez en distinto tiempo, para algunos veloz, para otros muy lento, como si las horas se convirtieran en minutos cuando uno está… no sé, ¡viviendo!, más siento que pasa lento cuando uno está, por decirlo así, muriendo”.

No vi que gesto pusiste ante mi improvisada forma de ver el tiempo, pero si sé que nos quedamos en silencio mientras yo miraba el pasto y jugaba con él entre los dedos de mis manos. De pronto, después de exhalar una gran bocanada de aire dijiste con firmeza: “El tiempo no existe”. Esperé en silencio mientras inclinaba mi cabeza hacia ti, “El tiempo no existe”, volviste a sentenciar con una voz más protectora. “El tiempo es un invento humano, es una forma muy humana de intentar medir las cosas en espacios determinados. Si no dime tú ¿Qué es un año? ¿Un siglo? ¿Una hora?, ¿En realidad tu crees que al universo le interese una hora humana?”. “¿Y qué existe en vez del tiempo?” pregunté. “No es que exista un equivalente”, me dijiste cariñosamente, “El “tiempo” existe en tu vida, en tu corazón. Si no, dime tú, cómo te puedes explicar las falacias que vives; esos momentos de felicidad incalculable pasan tan y tan rápido que cuando te das cuenta han pasado horas; y en ese momento sientes que han pasado minutos. Pero, ¿no es acaso en ese espacio de horas, en que algunos momentos se vuelven eternos? ¿Cómo podríamos explicar eso?”. “Tienes razón!”, te dije riendo y tu continuaste explicando “Esos momentos inolvidables en tu vida, pasaron en un instante de tiempo que parecía más corto de lo que era, si lo mides en “tiempo”. Pero ¿te has dado el trabajo de medir cuánto “tiempo” te duran esos momentos mágicos, inolvidables?”…  “Hasta ahora no se han ido y los puedo re vivir una y otra vez”, te dije. “¡Correcto! Me ¿entiendes ahora?” me preguntaste interesado, y los dos a la vez dijimos, “El tiempo no existe”.

Finalmente todos controlamos nuestro tiempo, lo adaptamos y lo aceptamos según la circunstancia, según el momento, pero nos han enseñado a adaptarlo a un esquema, a una medida, a guiarnos por un calendario y por un inagotable tic-tac. “Tu puedes hacer que un día dure dos”, me dijiste con voz suave pero firme, “es más, estoy seguro que ya lo has hecho hace poco. Un día puede pasar lo suficientemente entretenido que no vas  notar cuando se ocultó el sol ni por qué lo hizo, porque simplemente estás viviendo y vives en armonía con todos los actos naturales del mundo que te rodea. En la medida que vives, que sueñas, que piensas y claro, que no piensas, te darás cuenta que el tiempo no es una medida legal, que no has de poder medir tu vida en función a tu cuerpo ni a tus logros, si no más bien en función a tu ser, a tu alma, que dicho sea de paso, es al igual que yo, eterna. Dime tú ¿Crees que a la eternidad de tu alma le importe un par de horas humanas, cuando se ha llenado en ese par de horas humanas, de un recuerdo que lo acompañará a la eternidad?” “Tienes razón Dios” respondí.

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