Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘el’

Mientras miraba como se alejaba, conduciendo su auto por la rampa cuesta arriba del estacionamiento de aquel edificio, recordó las palabras de Jorge Luis Borges cuando decía: “Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única.” Se quedó allí, recostado en una columna de pie, en un estacionamiento vacío, respirando fuerte recordando su perfume; cerró los ojos y vio su mirada, inevitablemente saboreó sus besos, y pensó sobre sus propias lágrimas.

No tenía idea de qué había sucedido. Él, una persona calma, un poco cerrada, distante, que había escuchado elogios sobre sus capacidades y era justamente eso lo que lo hacía interesante. Por ello se comportaba estricto, cuadriculado sin aceptar que entren en su espacio, y con esa actitud espanta, aleja, no da pie a que se le acerquen y quien lo hace de manera arrebatada obtiene de su parte la más cruel indiferencia, y él está consciente de eso, pero esta vez ¿Qué había sucedido?

Por alguna extraña razón estaba en ese estado en el que no se tiene sentido exacto de la realidad ni de sus alcances, había perdido la noción del tiempo y del espacio, no fue hasta que regresó a su habitación que cayó en cuenta que aquella no era su casa, que aquel no era siquiera su país, que la hora era muy avanzada, y que aquella mujer se acababa de llevar algo valioso y en cambio le dejó algo precioso también.

Se acostó en la cama destendida, abrazó todas las almohadas y se enterró en el olor y el recuerdo. Pensó en ella sin morbo, sintiendo que lo acontecido podría calificarlo como “fluidez”, ¿Qué había sucedido? Se repetía sonriendo, sabía que no entró arrebatada en su vida, ni lo logró sutilmente tampoco, simplemente entró como si fuera su casa, sin permiso pero con autoridad. Él se conoce, sabía que por su genio solía enamorarse de personas que le son indiferentes, bellas mujeres a quienes percibe como retos, a quienes encuentra, se deslumbra, las busca, cautiva y construye una relación, que quizá para muchos es falsa, pero para él es real. Esta vez, nadie arrebató a nadie, desde el primer día que se conocieron la relación fue de mutuo respeto y admiración, cafés van y vienen, las horas pasan y todo “fluía”, no pasó mucho para que sus murallas bajaran y se dieran cuenta que son un par de seres parecidos, independientes, inteligentes, concretos, sueltos, que comparten una afición increíble por la música, la soledad, los chistes malos, el teatro, el cine, la lectura y dormir hasta tarde un domingo entre tantas otras más.

Ella, es de alguna forma como él, de mirada fuerte, seria, de voz fina, pero directa, que revela su carácter, se sabe inteligente, se siente segura por sus logros y ha construido una muralla para proteger la fragilidad de su niña interior, esa que quiere salir a correr por los parques persiguiendo mariposas, la que necesita un abrazo por las noches y alicientes para continuar…

Y sin darse cuenta, allí están, como dos niños sentados en el techo de un edificio con una botella de vino blanco, riendo, escuchando, compartiendo, soñando, descubriéndose. Sorprendidos de sus propios actos, dándose cuenta que se han roto los esquemas el uno al otro, que no tenía lógica ni sentido pero con la convicción natural de dejar que las cosas cobren vida propia; y así crearon una imagen de postal por cada una de esas noches. Se gustaban tanto y se contenían aun más, hasta que un abrazo cobra vida, hasta que el otro respondió trepando por su mejilla, hasta que los dedos se les escaparon para recorrer los rostros, las miradas cómplices en una tibia noche gritaban en sus silencios, y sus sonrisas pícaras les dieron el preámbulo de iniciar una historia que ahora él cuenta alegre y risueño.

Eran tan parecidos que necesitaban darse roles para llevarse bien, se peleaban por poner cada uno la música que le gustaba al otro, y así era un día de uno y otro día del otro, se turnaban para conocerse y compartir, ella cocinaba y el ponía la mesa y lavaba los platos. Cuando ella soñaba, él la secundaba, y cuando él se ponía tenso ella simplemente lo amaba. Aunque ella era por lo general fría, desde que se conocieron (antes de subir a su automóvil, aquella noche de su primera despedida, vio que ella tuvo el impulso de llorar y no lo hizo, se contuvo, y él, por más que intentó, prefirió dejar fluir tan sólo cuatro honestas lágrimas) y cuando ella reprimía un sentimiento, él la alentaba sentir, cuando él se sentía triste ella sin decir nada lo llevaba a pasear, al cine, de compras o por un café, sin decirle ni pedirle nada, simplemente lo hacía, diría que hasta se lo imponía. Pero cuando se molestaban – al principio – la pasaron muy duro hasta que entendieron que esos episodios no valían la pena para lo que realmente era importante en sus vidas. Aprendieron a disfrutar esos pequeños espacios de tiempo, esas cosas sencillas…

Para él, el amor comenzaba en la mente, para ella el amor empieza en la seguridad emocional. A él siempre le gusto la idea de descubrir un mundo donde las hojas nunca caen… y el Sol nunca se pone. Ella estaba segura de que semejante mundo no existía, pero cuando decidieron alcanzar la felicidad juntos, ella se unió a la búsqueda. Un día quizá la sorprendió al encontrarlo, pero no fue si no hasta cuando ella abrió los ojos, le quito los cerrojos al corazón y elimino de su vocabulario la palabra “imposible” … como él lo hizo desde la primera vez que la oyó…

Creo que él no tenía idea de cómo había llegado hasta allí, creo incluso que no tenía idea de que fue perfecto cómo comenzó, si no hasta ese momento en que nos contaba a todos su historia, volvió a repetir la frase de Borges casi susurrando “Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única.” Como quien cae en cuenta realmente de lo que significa, como si se hubiera olvidado estos últimos años lo que significó aquella primera vez que lo pensó en el estacionamiento del edificio aquel, incluso podría jurar que sintió que nunca salió de ese estado en el que no se tiene sentido exacto de la realidad ni de sus alcances, había perdido indefinidamente la noción del tiempo y del espacio, y que aquella mujer nunca dejó de llevarse a diario algo tan valioso y a cambio siempre dejándole algo precioso también…

La verdad que ya no me acuerdo que más contó, los detalles se perdieron por la conmovedora imagen que sucedió en ese momento, pues si algo recuerdo vivamente fue que hizo una pausa larga, respiro hondo, volteó y miró el ataúd donde ahora esta su mujer y dijo: Mujer, han pasado cuarenta y dos años desde el comienzo de esta historia, hizo una pausa y se escuchó como contenía el llanto, los ojos se le llenaron de lágrimas y le dijo: Amor, hoy era tu día de poner la música.

Anuncios

Read Full Post »

El

La última vez que la vi estaba, cómo no, apoyada en la mesa, recostando su lindo rostro en su mano. Me reconoció, levantó la mirada y sonrió ante mi euforia al verla. Su rostro seguía igual. Vestía suelta, pantalones oscuros y un polito sin cuello, sin mangas. Creo que pretendía parecer ambigua, a mí me resultaba arrebatadora.

Ella

Canciones, nubes, una gota de lluvia y sueños; las cuatro imágenes me conducen a él. Paseo por la calle y no veo a mis vecinos. Ni al sol, ni los huecos que debería evitar. Oigo aquellas canciones que me recomendó, veo las nubes,  siento la lluvia como abrazos, besos y palabras que, apenas salían de su cuerpo ya estaban entrando en mí, saboreo la vida en cada bocanada de un infaltable aire.

El

Al tirarme a la cama, cierro los ojos y pienso en su perfil. Cuando los abro se refleja en las cuatro paredes que me acorralan. El borde de sus ojos era oscuro; la mirada, verde claro. Bailaba como si fuera de aquel café, ya no hubiese mundo y solo sus pies pudieran crear uno nuevo.

Era la madrugada de un martes cualquiera y aún quedaban cuatro horas para que cualquier mortal fuera a trabajar. Y yo que siento esta ciudad como un bosque de cemento oscuro, distinguí su figura como una chispa de luz que volvió loca mi brújula. Venía, se iba, era inalcanzable.

Ella

No puedo dejar de pensar, que quizá algún día coincidimos no por ello ahora tenemos que reconocernos. Quizá fuera en otro país, en el banco, en un aeropuerto o en la calle nos hemos podido cruzar, no una, si no tantas veces… Incluso tal vez nos empujamos por las prisas, nos pisamos sin querer y nuestras miradas se enfrentaron con desprecio sin saber quiénes somos, quiénes fuimos, quiénes pudimos ser.

Con éste, siempre aparece otro pensamiento: ¿y si nuestro yo más profundo o el alma invisible que aún duerme en nosotros sí se reconocieron? Y que él, ¿por qué no?, piense desde entonces, de alguna manera, en mí.

El

Yo creo que existes, porque de alguna manera te siento en el aire, porque te pienso, porque prefiero creer en el mito. Te nombro y creo un cuento en el que somos los protagonistas, o mejor aún, personajes secundarios que embellecen este largo cuento que está repleto de reencuentros imposibles, donde se unen fantasmas de la memoria y duendes de la ilusión. Has surgido de la nada, pero yo te dibujo en un futuro imaginario. Quisiera que fuéramos dos personas reales encadenadas a un mismo sueño. Porque detrás de tus ojos, presiento más realidad que en las cien miradas y doscientos zapatos que me pisan en una combi.

Ella

A veces creo sentir que me acompaña en la cama. Y no pregunto quién es porque no quiero que ahoguen mi duda.

El

6:15: Hoy me he despertado pensando despertar con ella. Apenas recuerdo nada de anoche. He preferido no pensar en ello y he vuelto a cerrar los ojos. Al abrirlos, horas después, he encontrado como siempre la almohada vacía. De repente he sabido que era ella, pero esta certeza ha durado tres segundos. Los recuerdos etílicos se mezclan con mis sueños y no sabría asegurar cuál de ellos es cierto.

Ella

A veces sueño que lo veo, y cuando él me mira o pretende acercarse, me despierto con una leve sensación de resaca y una poderosa excitación. Hoy, después de levantarme, he leído sus correos, he reído y me he puesto nostálgica. Entonces he visto, en el espejo, lo ridícula que a veces soy. ¿Ya soy grande para nostalgias estúpidas?

El

El otro día fui, busqué y me quedé mirando las pocas fotos que tengo de niño, me pareció reconocer su mirada en la de una de mis compañeras. No era ella, ya lo sé, pero no puedo evitar seguir jugando a recrear su infancia y unirla a la mía. Como queriendo evocar un pasado de hace pocos años y no de los siglos reales que tenemos. Cuando ella aparece, todo es puro instante sin memoria, sin opción a hundirme en falsos recuerdos. Sin embargo, mi imaginación se desborda cuando ella huye y evoca escenas que nunca ocurrieron y que ocurrirán. Todo es tan increíble que a veces me parece verdad.

Ella

Cuando camino por la orilla de una playa, siempre quedo fascinada por el poder de atracción que tiene el agua. La ves pasar y quieres irte con ella, entrar en ella. El paraíso puede que no esté en la otra orilla, pero me encanta pensar que al final está la isla que me dará cobijo cuando quiera vivir un sueño.

El

Hacía tiempo que hay una escena que siempre vuelve a visitarme. No me importa si es real o no. Son tantos sueños y su imagen que me persigue, que me siento y la dibujo. Como un gran artista me inspiro y de repente aparece ella en un papel, dibujada por la tosquedad de mi lápiz.

Ella

Dentro se está mejor, el mundo permanece fuera. Me relajo, olvido, vivo. La niña que sigo siendo es capaz de correr ligera, vuelvo a tener la mirada limpia.

El

No puedo dejar de sonreír al contemplarla. La veo surgir como del agua y siento que, de algún modo, todo ha sido verdad. Nuestra verdad…

Read Full Post »

A %d blogueros les gusta esto: